jueves 12 de junio de 2008

Rompiendo con las barreras idiomáticas y culturales

Pues sí, resulta que yo he rodado como piedra de río por diversos trabajos desde que me retiré de mi último empleo. Sin embargo, no me puedo quejar, las experiencias han sido variadas y para todos los gustos. Les cuento mi historia laboral, para que sepan que no se trata de cualquier cuento sin importancia.

Resulta que un día, luego de trabajar por más de 1 año en el mismo lugar, las personalidades de mi “jefe” y de las “chicas” de mi oficina comenzaron a aflorar. Para los que nunca han trabajado, les cuento que en casi todos los sitios de trabajo hay ogros y brujas chismosas que cuando cambian de piel se vuelven tan fastidiosas que lo mejor es huir por la derecha o por la izquierda, eso depende de su tendencia política. Entonces yo huí por…. Mejor no les digo porque me interesa que todos lean el cuento, así que ese detalle me lo reservo.

Pues bueno, me salí de ese trabajo, aunque reconozco que aprendí muchísimo y lo más importante fue que conocí a una persona muy especial (ya se imaginan). Al tiempo de salir de ese trabajo fui a parar a un instituto que se encarga de desarrollar obras agrícolas. Realmente no era malo el empleo, de hecho los compañeros eran muy buenos y agradables y eso es demasiado importante… pero, siempre hay un pero, nunca faltan, había que viajar mucho, muchísimo, me la pasaba de pueblo en pueblo, hablando con campesinos, recibiendo picadas de mosquitos y recibiendo más sol que una teja. No obstante, si les soy sincera, ir al campo y hablar con los trabajadores del campo era lo que más me gustaba, de verdad me encantaba compartir con ellos y escucharlos fue una experiencia muy enriquecedora para mí.

Un día, cuando me tocó mi primera comisión, llegué a mi trabajo de lo más entusiasmada con mi maleta, lista para emprender el viaje. Lo primero que hice fue pedir toda la información para llegar al lugar y hacer mi trabajo, seguido pedí el dinero para costear mis gastos de hotel y comida… pero, otra vez, me estrellé durísimo cuando la secretaria me explicó que los viáticos se pagaban a destiempo por un montón de trabas burocráticas en la administración del instituto. Mi cara no fue normal, estaba asombradísima, porque las jefas no me dijeron nada de eso, ni siquiera me preguntaron si yo tenía dinero para costear ese viaje, era lo más lógico, pues apenas tenía una SEMANA TRABAJANDO y no había cobrado el primer sueldo. No obstante, ellas no preguntaron si yo estaba en capacidad de pagar mis gastos y de esperar el reembolso del dinero, ellas no preguntaron nada, de hecho nunca me explicaron y me enteré porque pregunté, no porque nadie tuvo el interés de explicarme la situación. Estuve a punto de no ir, pero me quedé porque tenía el presentimiento de que en ese viaje iba a conocer gente importante.

Ese hecho marcó ese trabajo para mí, y en algún momento lo iba a dejar, porque yo no tolero el abuso y mucho menos la falta de COMUNICACIÓN en un área dedicada a eso mismo, y, OJO, esto no es nada personal, es una cuestión ética.

En ese viaje ciertamente conocí a una persona que me ofreció empleo y, por no dejar de embarcarme en empleos insólitos, llenos de radicales diferencias, acepté. Ahora estoy trabajando con unos chinos y no hablo ni media papa de ese idioma, pero ya algo he aprendido, y diariamente rompo las barreras idiomáticas y culturales para poder entenderlos, pero puedo decir que, sin lugar a dudas, estas personas con las que trabajo están hechas de una calidad humana excepcional y, además de ser muy cumplidas y responsables, son muy respetuosas y agradables. Luego más cuentos!!!